Homilía Arzobispo de Yucatán – Segundo Domingo de Adviento 2016

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HOMILÍA
II DOMINGO DE ADVIENTO
Ciclo A
Is 11, 1-10; Rom 15, 4-9; Mt 3, 1-12.

“Una voz clama en el desierto:
Preparen el camino del Señor” (Mt 3, 3).

“Ki’ olal lake’ex ka ta’ane’ex ich maya, kin tzik te’ex kimak woolal yetel in puksikal. Bejalae tan kinbensik u kape’el domingo Adviento, le ki’ilich Ta’an jajal Dios, Ku yesik to’on Juan el Bautista, leti’ ku ta’anko’on utial meyajtik u béel Yuum Kue’.”
Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor. Como cada año, el segundo domingo de Adviento nos presenta la figura de Juan el Bautista, el precursor de la venida del Salvador. El anuncio de su nacimiento y todo lo que se refiere al mismo estuvo muy ligado al anuncio y nacimiento del Señor; y luego antes de que Jesús iniciara su vida pública, Juan prepara al pueblo anunciándole la inminencia de la llegada de Jesús bautizando a todos los que se arrepentían de sus pecados. Él con toda honestidad decía: “Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han convertido; pero… “Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego” (Mt 3, 11).

El agua con la que nosotros fuimos bautizados es un signo sacramental, porque la realidad es que fuimos bautizados en el Espíritu Santo y su fuego. Juan invitaba al arrepentimiento y ya el profeta Isaías lo había anunciado a él como “una voz clama en el desierto”; y lo que esa voz decía y continúa diciendo es: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos” (Mt 3,3). Juan nos hace ver en las palabras que les dirige a los fariseos y saduceos que se acercaban a su bautismo, que un auténtico arrepentimiento debe manifestarse con las obras; decía: “Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego” (Mt 3, 10).

Juan era la voz porque Jesús era la Palabra que viene a este mundo. Hoy en día muchos como Juan seguimos siendo la voz, con la que la Palabra viva del Señor se hace presente y siempre actual. Seguimos “clamando en el desierto” porque en el mundo hay mucho ruido que pretende acallar nuestras voces, y en ocasiones lo logran, pero lo que no puedan ni podrán jamás es acabar con la Palabra. Muchos parecen alegrarse cuando encuentran algún hecho vergonzoso de parte de algún sacerdote o algún otro predicador y lo propagan con la intención de ahogar la voz, pero la Palabra se sigue haciendo escuchar a pesar de los defectos de nuestra voz. La gente de fe no se confunde con el ruido del mundo ni con las voces “desafinadas”, y continúa yendo al desierto, apartándose del mundo para escuchar las voces que les traen la Palabra viva y verdadera.

Más allá de la voz de la Iglesia y de todas las demás iglesias y religiones, hay “voces” en la sociedad humana que, aún sin saberlo, hacen sonar la Palabra. Todas las obras sociales en favor del bien, la paz y la justicia, son esas voces que hacen que la Palabra se escuche. En otras palabras puedo decir que todo lo que es auténticamente humano, es al mismo tiempo auténticamente cristiano. Ahora están de moda los días internacionales de muchas cosas; a veces esos festejos se refieren a cosas en realidad triviales y sin importancia, pero muchas otras efemérides promueven auténticos valores humanos que son dignos de llamarse cristianos, y de que los cristianos las festejemos.

Por ejemplo, el pasado 25 de noviembre se celebró el “Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. Todos los cristianos hemos de celebrar esa jornada tomando conciencia de la igualdad que existe entre el hombre y la mujer tal como Dios los creó a su imagen: “Hombre y mujer los creó” (Gn 1, 27). Y todos los días hemos de sumarnos a las campañas de dignificación de la mujer. El feminismo cristiano no propone una lucha entre los hombres y las mujeres para dominar unas sobre los otros, o viceversa; ni que la mujer pierda su femineidad sino que se dé un trato digno y justo a las mujeres. “Maridos, amen a sus mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella…” (Ef 5, 25).

El pasado jueves 1º de diciembre se celebró el “Día Mundial de la Lucha contra el SIDA”. La Iglesia atiende a más del 26% de los enfermos de VIH/SIDA en el mundo, especialmente a los más pobres que no tienen quien los atienda. Sacerdotes, diáconos y sobre todo religiosas y voluntarios laicos atienden a estos enfermos, los cuales sufren discriminación hasta en sus propias familias. He aquí una verdadera obra humana y cristiana a la vez.

También el pasado viernes 2 de diciembre se celebró el “Día Internacional de la Abolición de la Esclavitud”. Aunque muchos lo desconozcan, la esclavitud sigue presente en numerosos lugares de México y del mundo, donde hombres, mujeres y niños trabajan como esclavos sin poder abandonar el lugar de trabajo, y con la protección de autoridades corruptas. Nada es más contrario a la humanidad y al cristianismo que esclavizar de esa forma, o de cualquier otra, a seres humanos.

De igual modo, el sábado 3 de diciembre se celebró el “Día Internacional de las Personas con Discapacidad”. Gracias a Dios cada vez más personas con discapacidad encuentran escuelas y centros de rehabilitación que los atienden y les ayudan a superar, al menos en parte, su discapacidad. Quienes trabajan a sueldo en alguno de estos sitios, si sirven a los discapacitados con amor, reconociendo en ellos la imagen viva de Dios, hacen más ligero y alegre su trabajo y lo convierten en un verdadero apostolado, en el que se construye el Reino de los cielos. No se diga menos de los voluntarios que con total generosidad dan parte de su tiempo a alguna de estas instituciones.

Junto con esto, el día 5 de diciembre precisamente se celebrará el “Día Internacional del Voluntariado”. Ojalá muchos católicos puedan sumarse a obras de voluntariado social. Hay mucha gente en Mérida originaria de pueblos y comisarias del interior del Estado que bien podrían, con la anuencia del párroco, evangelizar voluntariamente en sus pueblos con predicación y con obras que hablan de la Palabra viva.

Más adelante, el viernes 9 de diciembre se va a celebrar el “Día Internacional de la Radio y la Televisión a favor de la Infancia”. Es mucho lo que estos medios pueden hacer por los niños, proporcionándoles entretenimiento con valores humanos y cristianos, aunque no sea en forma confesional. El Papa Francisco ha denunciado la colonización ideológica que sufren la mayoría de los pueblos, y esta influencia llega sutilmente a través de los medios de comunicación y en los sistemas y textos de educación básica. Si los niños y jóvenes de hoy tienen una mentalidad tan distante a la de sus padres, no es obra de la casualidad ni de que algo haya caído del cielo, sino que principalmente se trata de estrategias de comunicación. Si los que tienen los medios se lo proponen, pueden ayudar a modificar para bien la mentalidad actual de los niños, adolescentes y jóvenes, virando el timón de sus programaciones.

En esta misma línea, el próximo sábado 10 de diciembre celebraremos el “Día de los Derechos Humanos”. El camino consciente de la lucha por el establecimiento de los derechos humanos comenzó a finales del siglo XVIII, pero no fue sino a partir de 1948 que se ha trabajado más intensamente a favor de una cultura de los derechos humanos. Los cristianos hemos de sumarnos de buena gana al fomento de esta cultura, pero sin dejar de lado la cultura de los deberes humanos. Todos, especialmente los niños, hemos de aprender que nuestros derechos terminan donde comienzan los de mi vecino. Alejemos de la cultura de los derechos humanos, la mentalidad individualista y ventajosa de quienes exigen que sean respetados sus derechos, pero sin reconocer el respeto que los derechos de los demás nos merecen.

Finalmente, desde el 2 hasta el 17 de diciembre se lleva a cabo en Cancún Q. R. el encuentro de la COP 13 (Conferencia de las Partes), que es la reunión de representantes de cien delegaciones extranjeras para abordar el tema del cambio climático. Todos debemos ocuparnos del cuidado de nuestro mundo, siguiendo las luces que nos dio el Papa Francisco en su encíclica “Laudato si”, que habla sobre el cuidado del planeta.

Sumarnos a todas estas celebraciones civiles de buena gana, significa preparar el camino del Señor y enderezar nuestros senderos; significa hacer ver con obras nuestro arrepentimiento; significa convertirnos en árboles que dan fruto.

Según lo que anuncia el profeta Isaías en la primera lectura, el vástago que nacerá del tronco de Jesé viene para defender con justicia al desamparado y dar sentencia con equidad al pobre. Tú y yo podemos colaborar con este Mesías anunciado que ya vino y nos redimió, pero que nos dejó la tarea de continuar haciendo justicia al desamparado y dando sentencia con equidad al pobre. Tú y yo podemos cumplir con este encargo, porque también sobre nosotros se ha posado el Espíritu que se posó sobre Él, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de piedad y temor de Dios, cuando fuimos bautizados y cuando fuimos confirmados (cfr. Is 11, 1-10). De esa misma justicia que trae el Mesías Rey nos habla el salmo 71 que hoy proclamamos.

Otro sendero que hemos de enderezar viene señalado por san Pablo en la segunda lectura tomada de su carta a los Romanos, donde nos invita a vivir en armonía unos con otros, conforme al Espíritu de Cristo Jesús, y a acogernos unos a otros como Cristo nos acogió para gloria de Dios (cfr. Rom 15, 4-9). Aquí está la armonía dentro de nuestras familias, armonía dentro de los grupos de la Iglesia, y armonía en todos los grupos humanos donde nos toca participar.

¡Que tengan una feliz semana! ¡Sea alabado Jesucristo!

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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