Homilía Arzobispo de Yucatán Encuentro UNIAPAC 2016

Homilía en la misa presidida durante

el Encuentro de Diálogo entre Obispos y Empresarios del

Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

y la Unión Nacional Cristiana de Dirigentes de Empresa (UNIAPAC),

en la ciudad de Monterrey, con el tema:

“La Empresa Constructora de Paz”.

“No es este el hijo del carpintero” (Mt 13, 55).

Mt 13, 54-58.

 

Muy queridos hermanos y hermanas, cuando inició la era de la industrialización inmediatamente se dieron terribles injusticias contra los obreros. Hubo un movimiento que se levantó para defender los derechos de los trabajadores que siguió un camino que muchas veces condujo a la violencia, a la confrontación, a dividir el grupo humano entre patrones y obreros.

Este movimiento fue acompañado por la ideología comunista, pero al mismo tiempo en la Iglesia surgió un movimiento de predicadores y de hombres y mujeres a favor de los obreros que de forma pacífica luchaban para reivindicar los derechos de los trabajadores y enseñar tanto a unos como a otros el sentido verdadero del trabajo.

Entonces hubieron momentos significativos en este camino de la Iglesia; el primero fue la Encíclica “Rerum novarum” del Papa León XIII en 1891; otro momento muy significativo fue en 1955 cuando el Papa Pío XII puso como patrono de los trabajadores a San José Obrero a quien celebramos hace unos cuantos días, para reivindicar la imagen de los obreros pero también para redimensionar el valor del trabajo en si mismo. El tercer momento importante en este camino se dio en 1981 cuando San Juan Pablo II escribió “Laborem exercens” una encíclica donde el Papa no habla de distintas clases en la sociedad, si no de una sola clase trabajadora. El hombre por naturaleza es trabajador, trabaja el obrero, trabaja el oficinista, trabaja el patrón, trabaja las amas de casa, trabaja los estudiantes, trabajamos los que esparcimos la palabra de Dios.

Todo aquel que haga algo a favor de la vida, a favor de sí mismo o de lo demás está realizando un trabajo honesto y aunque el trabajo no se mida en términos de salario de todas maneras es una obra valiosa porque le sirve a la persona para desarrollarse, le sirve también para el bien común.

Hemos tomado hoy las oraciones y lecturas del trabajo, que el Señor nos ayude en estos días de encuentro de diálogo a seguir caminando por este camino positivo de la Iglesia a favor del mundo del trabajo. ¡Que así sea!

+ Gustavo Rodríguez Vega

Arzobispo de Yucatán

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