Homilía Arzobispo de Yucatán – XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C

HOMILÍA
XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo C
Ex 32, 7-11. 13-14; 1 Tim 1, 12-17; Lc 15, 1-32.

“Así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arreptiente” (Lc 15, 10).

 

Ki’óolal lake’ex ka t’aane’ex ich maya, kin tsik te’ex ki’imak óolal yéetel in puksi’ikal. Yaan máaxo’obe’ ku ki’imaktaal u yóolo’ob yéetel ku chejo’ob le kéen yaanchajak ba’axo’ob káastak u áalo’ob ti’olal u láak máak; ba’ale’ yaan xan u láak máako’obe’ ku yéesko’ob u ki’imak óolal Yuum Ku’ le kéen u yilo’ob máax ku botik u keban yéetel ku k’exko’ob u kuxtalo’ob. Baax ka yeyik. U ki’imal óolal Yuumtsil wa le sawalt’anó?

 

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor en este domingo vigésimo cuarto del Tiempo ordinario. Esta noche todos los mexicanos estaremos de fiesta celebrando el grito de Independencia del cura de Dolores, Don Miguel Hidalgo y Costilla. Hoy muchos podremos sentirnos orgullosos de haber nacido en este suelo bendito de Dios.

Algunos pueden plantear que deberíamos más bien celebrar el fin de la Guerra de Independencia, otros historiadores más críticos aún podrían señalar algunas virtudes y méritos de quienes consideramos traidores de nuestra Patria, así como señalar imperfecciones de nuestros héroes. No todo es blanco y negro, también hay grises, pues ya sabemos que la historia la escriben los vencedores.

Lo que realmente importa es lo que hoy todavía tenemos pendiente por hacer en México. Lo más importante es alcanzar la paz en todo el territorio, acabando la inseguridad que se vive en muchos lugares. Qué bueno que a mucha gente le guste Mérida para venir a vivir, pero qué pena que haya quienes llegan aquí huyendo de la violencia que temen o la que de hecho han sufrido. Además todavía hay muchas injusticias y desigualdades, en un País donde la distribución de la riqueza está bastante desequilibrada, donde mucha gente sobrevive con lo que prácticamente podríamos llamar trabajo esclavo.

Por otro lado, qué bueno que haya muchos niños y jóvenes de hoy que sean verdaderos patriotas cuidando como pueden el medio ambiente en nuestra Casa Común, cobrando consciencia de que el desarrollo económico debe ser sustentable, sin atropellar la naturaleza en la que vivimos. Hoy necesitamos héroes que trabajen por la paz, por la justicia y por el cuidado del medio ambiente.

El pasaje del texto evangélico según san Lucas que hoy escuchamos, nos muestra otra de las características de este evangelio, que es el subrayar la inmensa misericordia de Dios, como la Buena Nueva que Cristo nos vino a revelar. Todo el capítulo 15 de san Lucas está dedicado a la narración de tres parábolas con las que Jesús explicaba la misericordia: la Parábola de la Oveja Perdida, la Parábola de la Moneda Perdida, y la Parábola del Hijo Pródigo.

Hoy escucharemos todo el capítulo 15, aunque en versión corta es posible escuchar sólo las primeras dos parábolas, y tal vez algunos sacerdotes que tengan que celebrar varias misas en comunidades distantes, escojan la forma breve. Les recomiendo que lean o relean la parábola del Hijo Pródigo que tantas enseñanzas nos deja.

La ocasión para que Jesús narre estas “Parábolas de la Misericordia” es el momento en que se sabe criticado por los escribas y fariseos, quienes al ver que se acercaban los publicanos y pecadores a escucharlo, comentaban: “Este recibe a los pecadores y come con ellos” (Lc 15, 2). La convicción de los escribas y fariseos era que, convivir con esas personas, los ensuciaba y contaminaba espiritualmente y que su deber era mantenerse alejados de todos los pecadores. En cambio Jesús no se reúne con los pecadores para pecar, sino para perdonarles y mostrarles que otra forma de vivir es posible, sobre todo enseñándoles que Dios es amor y misericordia.

El hijo menor de la parábola, quien se alejó de su padre para ir a despilfarrar toda su herencia, que luego regresa arrepentido y avergonzado a la casa paterna, se parece a los pecadores que con humildad reconocen sus errores y quieren regresar a la casa de nuestro Padre Dios. El hijo mayor de la parábola, que no quería festejar con su padre el regreso de su hermano, se asemeja a los escribas y fariseos de aquel tiempo, pero también a toda la gente de hoy en día, que es implacable para juzgar al que yerra, que no espera ni goza el cambio de vida de la gente que cometió un error o que vivió una época de pecado.

La constante de las tres parábolas es la alegría. El gozo del pastor que encontró a la oveja que se le había extraviado, que reúne a sus amigos y vecinos diciéndoles: “Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido” (Lc 15, 6). La alegría de la mujer que encontró una moneda de plata que se le había perdido, la cual reúne a sus amigas y vecinas para decirles: “Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido” (Lc 15, 9). La dicha del padre que recupera a su hijo pródigo, quien le dice a sus criados: “Comamos y hagamos fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15, 23-24); y que cuando la fiesta ya ha comenzado y se da cuenta que su hijo mayor está enojado y no quiere entrar a festejar, sale a decirle: “Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15, 32).

Se trata pues, de la alegría de Dios, del gozo de los ángeles y los santos en el cielo por un pecador que se arrepiente. Al respecto ¿tú que haces? ¿Te alegras cuando tienes un buen chisme, algo malo que hablar de un prójimo tuyo? ¿Juzgas al que, según tú, ha cometido una gran falta en su vida? ¿O quizá te alegras con Dios, con la alegría de Dios, por un hermano tuyo que se acerca a Él?

La primera lectura, tomada del Libro del Éxodo, presenta a un Dios muy distinto al del Evangelio, pues es un Dios lleno de coraje por los pecados de su pueblo, el cual está dispuesto a castigarlos, aniquilándolos. Un Dios que tiene que ser aplacado por los buenos consejos de Moisés, que le recuerda las promesas hechas a los patriarcas. Finalmente, Dios perdona a su pueblo y se muestra misericordioso, gracias a la intercesión de Moisés.

Aquel Dios es el mismo Padre de Jesús que en el Evangelio es presentado como un Padre misericordioso. No es que Dios haya cambiado, sino que el hombre ha evolucionado para entender mejor su actuar, y es que además, la plenitud de la revelación nos ha sido traída por el Señor Jesús, imagen visible de Dios invisible (cfr. Col 1, 15).

Es una prueba más de que no podemos darle el mismo valor a un pasaje del Antiguo Testamento, sobre uno del Nuevo Testamento. En la Sagrada Escritura pues, se puede percibir una evolución del creyente en su manera de captar el ser y el actuar de Dios.

La gran enseñanza del Libro del Éxodo es que Dios, con sabia pedagogía, hizo reaccionar a Moisés para que despertara y se mostrara como el buen pastor que estaba llamado a ser, como el gran intercesor por su pueblo, que anunciaba al único intercesor que nos atrajo con su vida, muerte y resurrección, todo el amor y misericordia de Dios su Padre.

El Apóstol san Pablo, en la segunda lectura, tomada de su Primera Carta escrita a Timoteo, le hace ver el efecto de la misericordia de Dios sobre su vida, que lo llevó de ser un incrédulo que por ignorancia perseguía a la Iglesia, al gran apóstol que nosotros conocemos. El juicio de los hombres simplemente condena, mas la misericordia de Dios perdona y eleva, como elevó a san Pablo, y como nos quiere elevar a cada uno de nosotros.

Ha llegado la semana del VII Congreso Eucarístico Nacional. Del miércoles 18 al viernes 20 de septiembre por la mañana nos reuniremos en el Complejo Deportivo Kukulkán para el Simposio Teológico sobre la Eucaristía (Multigimnasio “Socorro Cerón”); y desde el viernes 20 por la tarde, hasta el domingo 22 por la tarde celebraremos propiamente el Congreso Eucarístico (“Poliforum Zamná”). Todavía es tiempo para cuantos deseen inscribirse y participar.

Todos, aún quienes no participen en el Simposio o en el Congreso, están cordialmente invitados a participar en la magna Eucaristía, presidida por el Sr. Nuncio Apostólico Mons. Franco Coppola, el sábado 21 a las cinco de la tarde en el estadio “Carlos Iturralde”. Después de esta solemne Eucaristía tendremos una procesión con el Santísimo Sacramento desde el mencionado estadio hasta la plaza de la Santa Iglesia Catedral de Yucatán. Les esperamos.

Los invito a seguir rezando con la oración de este VII Congreso Eucarístico Nacional:

Jesús, Señor de la vida y de la historia, gracias por la oportunidad que das al pueblo mexicano de celebrar un nuevo Congreso Eucarístico Nacional.

Queremos responder a la voz del Padre que nos dice: “Pueblo de Dios, levántate y come, el camino es largo”.

Gracias por llamarnos a ser tu pueblo, sobre todo cuando nos reunimos en torno a ti en la Sagrada Eucaristía.

Gracias por el pan de tu Palabra que nos dice: “¡Levántate! mi pueblo no puede estar postrado”.

Gracias, porque con tu Cuerpo y tu Sangre nos alimentas para ser pueblo peregrino siempre en marcha.

Señor Jesús, el camino de México se hace largo, son muchos los retos que tenemos por delante: respetar y promover la vida desde el seno materno; fortalecer a nuestras familias, para que se vayan conformando de acuerdo al plan de Dios; trabajar por una sociedad más justa; cuidar la casa común.

Por eso te pedimos, los que creemos que realmente estás presente entre nosotros, sobre todo en la Eucaristía, que recibamos abundantes gracias para que cada bautizado madure en la fe, fortifique su esperanza, y con caridad fraterna participe activamente en la construcción de tu Reino en nuestra Patria.

Que en el VII Congreso Eucarístico Nacional, cada Iglesia Particular de México, responda a tu llamada que nos dice: “Pueblo de Dios, levántate y come, el camino es largo”. Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra, salva nuestra Patria y conserva nuestra fe. Amén.

 

Que tengan todos una feliz semana y un gran festejo de las Fiestas Patrias. ¡Sea alabado Jesucristo!

 

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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