Homilía Arzobispo de Yucatán – III Domingo de Navidad, El Bautismo del Señor, Ciclo A

HOMILÍA
DOMINGO DEL TIEMPO DE NAVIDAD
EL BAUTISMO DEL SEÑOR
Ciclo A
Is 42, 1-4. 6-7; Hech 10, 34-38; Mt 3, 13-17.

“Yo soy quien debe ser bautizado por ti” (Mt 3, 14).

 

 

In la’ak’ex ka t’ane’ex ich maaya, kin tsikike’ex yéetel kimak o’olal. Bejlae’ tan k’imbesik u yokja’ K-Yúumtsi Jesús, le k’imbesaja’ ku ye’esik u ts’o’ok u k’inilo’ob Navidad. Le sutuk ka tu k’ama’ le okjao’ u’uypaj junpe’el t’aan, u t’aan Dios yuum biil, le ki’ich Ik’al em bey juntul palomae’. Beytuna’ tu ts’ajuba’ k’ajotbil Yúumtsil ooxp’eel ti k’u wa Trinidad.

 

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor, en este segundo domingo del 2026, fiesta del Bautismo del Señor, cierre del tiempo de Navidad y apertura del Tiempo Ordinario de la liturgia.

Decía en un sermón san Máximo de Turín: “En cierto modo también esta fiesta viene a ser como un nacimiento. El día de Navidad nació para los hombres, hoy renace por los sagrados misterios; entonces fue dado a luz por la Virgen, hoy es engendrado místicamente… el Padre atestigua con su voz su afecto para con su hijo”.

Todavía esta fiesta tiene sabor de Epifanía, pues a sus aproximadamente treinta años de edad, Jesús se manifiesta públicamente al acercarse al bautismo de Juan, para dar inicio a su vida pública, así como a su ministerio de predicación del Evangelio y realización de la salvación. Además también se manifiesta el Padre al escucharse su voz, que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias” (Mt 3, 17). Igualmente se manifestó el Espíritu Santo, que descendía sobre él en forma de paloma. Es la manifestación de la Santísima Trinidad.

Al festejar la Navidad hemos celebrado nuestro nacimiento en Cristo en la pila bautismal, esto es, la vida nueva en Cristo. Más aún, hoy hemos de celebrar nuestro propio bautismo donde el Espíritu descendió sobre cada uno de nosotros, y la voz del Padre debe haber dicho algo muy semejante a lo que dijo de Cristo en su bautismo. De ti y de mí dijo seguramente: “Este también es mi hijo muy amado, y quiero tener en él mis complacencias”. Si hoy pudieras escuchar lo que la voz del Padre dijera de ti, ¿qué es lo que diría?

Jesús de Nazaret comenzó a manifestarse como el Cristo, cuando en su bautismo el Espíritu descendió sobre él, para señalarlo como el “Ungido”, que en griego se dice “Kristos” y en hebreo se dice “Mesíah”.

Cristo no recibió el bautismo de Juan para ser perdonado, pues nunca podría haber conocido el pecado. Más bien, se puso en la fila de los pecadores en señal de humildad y solidaridad; así como al final sería crucificado entre dos ladrones. También se bautizó para anunciar su propio Bautismo, que iniciaría cuando ascendiera a los cielos resucitado y enviara al Espíritu sobre la Iglesia.

El pasaje del evangelio de hoy, según san Mateo, donde Jesús es ungido por el Espíritu y señalado por la voz del Padre, tuvo previamente una magnífica y clara profecía, misma que escuchamos en la primera lectura, tomada del Profeta Isaías, que dice: “Miren a mi siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu” (Is 42, 1). El Padre no se encarnó, ni tampoco lo hizo el Espíritu Santo, sino sólo el Hijo. Pero Jesús no abandona la Trinidad al encarnarse, ni la Trinidad lo abandona a él; sino que el Padre sostiene a su elegido y el Espíritu se posa sobre él.

Su condición de “siervo” al encarnarse, no hace menos digno a Jesús; al contrario, como nuevo Adán, encuentra su máxima realización humana en la obediencia y sumisión al Padre, mostrándonos el modelo para todo ser humano que quiera experimentar la máxima libertad de espíritu, en la obediencia al Padre celestial. La rebeldía del hombre a la voluntad divina, es lo que acarrea las más grandes tragedias personales, familiares y sociales. No hay título que engrandezca más al ser humano que el de “siervo de Dios”.

En la segunda lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, antes de que Pedro se convenza de bautizar a un grupo de creyentes que no eran judíos, encabezados por el centurión Cornelio, el Espíritu desciende sobre ellos, dándose cuenta Pedro de que Dios no hace acepción de personas; por lo que la Iglesia tendrá que hacerse católica, es decir, no de un pueblo, sino universal.

Pedro señala el principio de la obra de Jesús a partir de que fue bautizado por Juan en el Jordán. Ahí Dios ungió a Jesús con el poder del Espíritu Santo, y resume su obra en unas cuantas palabras: “Pasó haciendo el bien, sanando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10, 38). Pues bien, Dios quiere estar contigo y conmigo. Si hoy se hiciera un resumen de tu vida, ¿se podría decir que pasaste haciendo el bien? Para eso fuimos bautizados, para pasar haciendo el bien. Muchos podrán decir que no han hecho nada malo, sin embargo, lo que nos hace verdaderos cristianos es pasar haciendo el bien.

¡Qué contrariedad para Juan el Bautista, el recibir a Jesús pidiéndole que lo bautice, pues él hubiera esperado en cambio, que Jesús lo bautizara! En ocasiones, los ministros de Dios tenemos necesidad o al menos deseos de consuelos espirituales, y sin embargo, nos toca esperar y atender a Cristo en la persona de los que nos buscan para atención espiritual. Pidamos por nuestros sacerdotes, para que no nos falte la paciencia y la resistencia para aguardar a ser atendidos, pues también lo necesitamos.

En este año recordamos el centenario del inicio de la persecución en contra de nuestra Iglesia Católica en México, cuando durante tres años, muchos sacerdotes y laicos, a causa de su fe, murieron mártires al grito de “Viva Cristo Rey, viva la Virgen de Guadalupe”. Otros tantos, sacerdotes, religiosos y religiosas extranjeros, fueron echados de nuestro territorio; muchos sacerdotes arriesgando su vida, siguieron celebrando la Eucaristía, los bautismos, los matrimonios y demás sacramentos, a escondidas en algunas casas. Numerosos laicos se levantaron en armas contra el gobierno en defensa de la fe, para poder ver reabierto el culto católico con toda libertad.

Demos gracias a Dios por la libertad religiosa de que hoy gozamos todos en México. Que tengan una feliz semana ¡Sea alabado Jesucristo!

 

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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