OBITUARIO PBRO. GASPAR JESÚS AZCORRA ALEJOS, 1942-2017

 

 

Mérida, Yucatán 19 de octubre de 2017.

 

OBITUARIO
PBRO. GASPAR JESÚS AZCORRA ALEJOS
1942-2017

“Tú eres sacerdote para siempre” (Heb 7, 17).

 

Muchos asistieron a su velorio, pero con aires de fiesta. […] Dejó un testamento con su última voluntad, que se leyera en su velorio y cuando lo estuvieran enterrando. El testamento “rezaba” así:
Es mi voluntad que en mi velorio y en mi entierro, que los asistentes se acerquen a mi cadáver y me feliciten por haberme muerto… que sea una auténtica felicitación porque pasé a mejor vida.
Parábola, mayo de 2016.
Gaspar Jesús Azcorra Alejos

 

 

Gaspar Jesús inició el ejercicio de su ministerio presbiteral como vicario cooperador en la parroquia y santuario de Ntra. Sra. de Guadalupe (barrio de San Cristóbal), luego en la parroquia de San Servacio, Valladolid; en San Francisco de Asís, Cansahcab; así como de auxiliar de la Sagrada Familia en Mérida.

Además fue párroco de San Bartolomé Apóstol en Nolo; y nombrado vicario cooperador de San Antonio de Padua en Ticul desde el 10 de septiembre de 1970. También fue designado vicario de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, Mérida, en 1976. Nombrado párroco de San Bernardino de Siena en Tixkokob el 1 de enero de 1977; así como párroco de María, Madre de la Iglesia en Mérida el 29 de enero del mismo año.

Fungió como decano del decanato 2 a partir del 29 de octubre de 1980. Designado párroco de San Francisco de Asís, en Conkal, el 16 de octubre de 1988; rector de la iglesia de Santa Luisa de Marillac en Mérida el 24 de diciembre de 2001; y finalmente rector de la iglesia de la comisaría de Santa Gertrudis Copó el 25 de abril de 2016, donde ejerció sus últimos años de ministerio.

Fue conocido también como escritor, narrador y poeta, de lenguaje modesto con un estilo narrativo sencillo y lleno de colorido en sus historias. Conocedor de la cultura maya e investigador de obras históricas así como recopilaciones antiguas de escritos yucatecos. Destacaba en su gusto por escribir poesías y reflexiones sobre la fe cristiana, y también sobre elementos característicos del pueblo maya.

Publicó varios libros, de los cuales destacan: Bombas Yucatecas, Bombas Yucatecas Originales, Sonetos y Sonotros, Popol-Vuh, Tu misión es Comerme y Llevarme, Via Crucis est Via Matris, Vida y Evangelio, Leyendas del Kakasbal, Leyendas Mayas y Quichés, Carne que Gotea Amor, Minegra para niños, Minegra las Mil y una Noches de Mary, Ensayo sobre el Conocimiento de la Verdad en el Devenir Humano, Di/versos, Viacrucis Bilingüe Maya Español, Otras Leyendas Mayas y Quichés, El Quijote Según Sancho Panza, entre otras obras más.

En las primeras horas del jueves 19 de octubre, fue llamado a la Casa del Padre habiendo cumplido ya los 75 años de edad y luego de celebrar recientemente sus 50 años de aniversario sacerdotal. Fue velado en la iglesia de Santa Gertrudis Copó donde pasó sus últimos días de ministerio; al día siguiente el viernes 20 de octubre a las 11:00 hrs., el obispo auxiliar de la arquidiócesis de Yucatán, Mons. Pedro Mena Díaz, presidió la misa exequial acompañado por sus familiares, feligreses, amigos y compañeros sacerdotes. Al finalizar las honras fúnebres fue trasladado y depositado en el Mausoleo del Clero en el Cementerio General de la ciudad de Mérida.

———–Descanse en paz.

Pbro. LCC Jorge Alberto Martínez Ruz

Vocero de la Arquidiócesis de Yucatán

Colofón. El 3 de mayo de 2016, el pbro. Gaspar Jesús publicó una Parábola sobre el funeral de Lupercio, una reflexión acerca de la vida, la muerte y sobre la identidad de una verdadera comunidad:

Explicación o aplicación de la parábola:

Lupercio, era un bendito. Como el pueblo decía al personaje, simple y además, con horchata pasada de azúcar en las venas. Era tal que si alguien le pisaba una mano, estando en el suelo, él mismo pedían que le pisen la cabeza. Lógicamente no con palabras, sino con una mirada de sumisión supina.

Sucedió que un buen día tuvo la feliz ocurrencia de morirse.

Muchos asistieron a su velorio, pero con aires de fiesta. Ni una sola lágrima se escurrió de los ojos de los asistentes. Murió en la más terrible inopia, dejó un testamento con su última voluntad, que se leyera en su velorio y cuando lo estuvieran enterrando. El testamento “rezaba” así:

Es mi voluntad que en mi velorio y en mi entierro, que los asistentes se acerquen a mi cadáver y me feliciten por haberme muerto, según sean sus creencias, o su falta de ellas. Que me digan en voz alta, te felicito por haber muerto, si no creen en nada, ni en la otra vida, esta será su última burla, y si creen, que sea una auténtica felicitación porque pasé a mejor vida.

Explicación o aplicación de la parábola:

Lupercio es “pueblo-masa” no comunidad. Como masa he amasado con migajas de compasión.

Como masa la amasan “gentes” sin corazón. Extraídos de la masa y cuando suben, flotan como corchos, arrastrados por las corrientes que muchas veces chocan entre sí, pero los corchos saben flotar y también explotar a la masa al arbitrio de las corrientes, claro, por sus intereses egoístas, hasta que un día el pueblo masa, quiso morirse, para resucitar en una auténtica comunidad. ¿Cuándo será eso? Cuando el pueblo se decida y se una.

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