Homilía Arzobispo de Yucatán – XV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B

HOMILÍA
XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo B
Am 7, 12-15; Ef 1, 3-14; Mc 6, 7-13.

“Llamó Jesús a los doce, los envió de dos en dos y les dio poder” (Mc 6, 7).

 

In láak’e’ex ka t’aane’ex ich maya kin tsikike’ex yéetel ki’imak óolal. Sáamale’ yáan in k’íinbensik Kili’ich misa, tak kulnajil Basílica ti’ Guadalupe te’ tu lu’umil México’, yáan in bisik tuláakal a k’áat óolale’ex. U T’aan Yúumtsilé Ku yáanko’on túukul bejla’e’ ti’olal ba’ax k’áat u ti’al k-kuxtal, yéetel beyo je’e ba’alak k’iine’ Ku t’aanniko’on.

 

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor.

Así como el pasado 29 de mayo, mi Obispo Auxiliar, Don Pedro Mena y un servidor, fuimos a celebrar la santa misa en el Santuario de Nuestra Señora de Izamal, y la celebración se transmitió para todos ustedes por los distintos medios de comunicación, igualmente, el próximo 12 de julio, iremos, Dios mediante, hasta la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la ciudad de México, pues es el día de nuestra peregrinación diocesana anual. De nuevo haremos la transmisión virtual de la misma.

Esperamos que los yucatecos que viven en la capital del país puedan acompañarnos, pues todavía no hemos podido organizar una peregrinación masiva presencial. Llevaremos en nuestro corazón todas las intenciones y necesidades de cada uno de ustedes, lo mismo que todas las necesidades de este noble pueblo de Yucatán, para ponerlas a los pies de la Morenita del Tepeyac. Le pediremos al Señor, por medio de nuestra Madre, la Virgen Guadalupana, que el próximo año podamos volver en forma presencial todos los yucatecos que quieran y puedan viajar, y con ello, el fin de la pandemia.

También le pedimos a nuestro buen Padre Dios, por intercesión de la Virgen de Guadalupe, por los nuevos gobernadores elegidos en México, así como por todos los nuevos presidentes municipales y diputados, pidiendo que todos puedan corresponder a lo que prometieron en su campaña y a lo que el pueblo mexicano espera de ellos. También le pediremos que se establezca la paz en todo México, pues mientras no exista, siempre la violencia e inseguridad serán una amenaza para nuestros estados.

A propósito de elecciones, tú y yo cuando éramos pequeños no podíamos elegir en asuntos importantes como nuestra salud y nuestra educación, sino que nuestros padres tomaban esas decisiones por nosotros. Poco a poco, sobre todo a partir de la adolescencia, ya tratábamos de hacer valer nuestra voluntad para elegir lo que nos gustaba. Un poco más adelante fuimos aclarando en nuestra mente y nuestro corazón la elección por una carrera o por un estilo de vida. Desde pequeño yo había elegido el sacerdocio como estilo de vida, pero tuve que esperar a la edad conveniente que en mi caso fueron los quince años, para ingresar al Seminario. Muchos de ustedes eligieron a la mujer o al hombre que desde pequeños les había gustado. En la vida siempre hay oportunidad de nuevas elecciones, sin romper con los compromisos de vida que ya tenemos.

Con la enseñanza que hoy nos transmite san Pablo en la segunda lectura, tomada de su Carta a los Efesios, les digo que tú y yo, que cada uno de nosotros es un elegido por Dios nuestro Señor, antes de todos los siglos. Dios nos eligió para un propósito, para que fuésemos santos e inmaculados ante Él por el amor. Dios no nos ha elegido para la mediocridad cristiana, para simplemente evitar el mal, sino que nos eligió para la santidad, para eso fuimos bautizados. Si creemos y tomamos en serio esta elección, tenemos por delante muchos retos que afrontar, para buscar siempre el crecimiento espiritual, pues quien no lo esté buscando ya está cayendo en la conformidad y en la mediocridad.

Los jóvenes que están ahora tomando decisiones importantes y trascendentes para su vida, las harán con más gozo, paz y seguridad al saberse elegidos por Dios y comportarse así en consecuencia. Ahora bien, aún tú como adulto si te sabes elegido, recuerda que esta elección de Dios por ti envuelve todas las demás, pequeñas y grandes, como tu carrera, tu matrimonio y otras futuras elecciones que tú ahora no sospechas, pero para las que puedes ser llamado por Dios.

Sólo por poner algún ejemplo, a los hombres casados que creen que ya todo está resuelto en sus vidas, el Señor los podría llamar al Diaconado Permanente. De igual modo, tanto a mujeres y hombres, Dios los podría elegir para ser Ministros Extraordinarios de la Comunión, así como para algún otro servicio en la Iglesia o en la sociedad, que pudiera dar un giro inesperado a sus vidas.

El profeta Amós nos dice en la primera lectura de hoy, que él no era profeta, ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. Sin importar esto, el Señor lo llamó de detrás del rebaño y le dijo: “Ve y profetiza” (Am 7, 12-15). Otros profetas tomaban su oficio como un “modus vivendi”, recibiendo un salario. En cambio, a él lo rechazaban porque su profecía no era favorable al rey; sin embargo, se mantuvo firme en su tarea porque le había sido asignada por Dios mismo, sin otro salario que el que Dios promete a sus amigos. Debes estar atento, pues el llamado puede llegar en cualquier momento y darle un giro a tu vida como le sucedió a Amós.

Para cada uno de los doce apóstoles, la vida dio un giro inesperado al encontrarse con Cristo. De tal modo los cautivó Jesús con su manera de hablar, con el contenido de su enseñanza, con el modo de tratar a todos los hombres y mujeres, ricos y pobres, pequeños y grandes, sanos y enfermos, sabios e ignorantes, santos y pecadores, que los convenció de dejarlo todo para seguirlo a él. Así dejaron entonces su casa, su familia, su trabajo; fue un cambio totalmente inesperado para ellos.

Inesperado también fue el momento en el que Jesús los envió a su primera misión. Los envió de dos en dos, indicando desde entonces que, entre sus discípulos, no había lugar para los individualismos protagónicos de los que quieren sobresalir sobre los demás. Les dio poder sobre los espíritus inmundos, un poder que no es para sentirse superiores a los demás, sino para servirlos en nombre de Cristo. Pensemos en que Judas Iscariote también recibió este poder y por su medio se obraron milagros; sin embargo, se condenó por su traición.

No le demos tanta importancia a los milagros, como quienes se dedican a andar “cazando” milagros por aquí y por allá, pues una persona de fe aprende a verlos con naturalidad, a encontrar en lo natural y ordinario de cada día los continuos milagros del Señor. Tener algún poder en esta vida siempre es un riesgo para el espíritu, si no aprendemos a verlo como una gran oportunidad para servir.

Fue una experiencia de verdadera fe para ellos ponerse en camino como Jesús los enviaba, sin pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino solamente un bastón, sandalias y una sola túnica. Hombres de trabajo, buenos administradores de su casa, ahora eran llamados a confiar en la Providencia y a tener la humildad de aprender a estirar la mano y dar las gracias. No veamos esto como algo muy lejano que no tiene nada que ver con nuestras vidas, pues sólo Dios sabe lo que en un futuro tiene reservado para ti. Vale la pena decirle sí al Señor: si tú te abandonas a su voluntad, descubrirás que Él no se deja ganar en generosidad.

Jóvenes, adolescentes y niños, les envío a ustedes un mensaje particular felicitándoles por el año escolar que han terminado; sobre todo porque con las circunstancias del COVID-19, han perseverado con sus estudios en línea. Disfruten de sus merecidas vacaciones. Aprovéchenlas para recuperarse en la materia en la que no les haya ido muy bien, para tomar algún curso, para practicar algún deporte, para fortalecer su relación con Dios nuestro Señor, recibiendo los sacramentos, viviendo en una oración de verdadera y continua comunicación con Él. En la medida en que las circunstancias lo permitan, vean además si pueden hacer algún apostolado de servicio a sus hermanos, sin olvidar las plataformas de comunicación digital, a través de las cuales también se debe evangelizar.

Que tengan todos una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!

 

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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