Homilía Arzobispo de Yucatán – III Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

HOMILÍA
III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS
Ciclo A
Is 8, 23 – 9, 3; 1 Cor 1, 10-13.17; Mt 4, 12-23.

“Conviértanse… Síganme” (Mt 4, 17).

 

In láak’e’ex ka t’aane’ex ich maaya, kin tsikike’ex yéetel kimak óolal. Ku kansik le Evangelio bejlae’, le ka k’a’al Juane’, Jesuse’ vin u kaas u ts’e’ek tak Galilea. Ti tu kaasaj u t’aanik tulakal maak u tia’al u k’exik u kuxtal, tumen u ajawil ka’an taan u náats’al. Ba’ale yaane’ ku t’aanik uta’al u tsaypachta’al yéteel utia’aal u tuxtiko’ob bey chuk ma’akove’.

 

Muy queridos hermanos y hermanas les saludo con afecto y les deseo todo bien en el Señor, en este tercer domingo del Tiempo Ordinario, en el cual celebramos el “Domingo de la Palabra de Dios”.

Este día 25 de enero, hubiéramos celebrado la fiesta de la “Conversión del Apóstol san Pablo”, pero por ser domingo seguimos la liturgia propia de hoy. Mañana celebraremos a dos de sus discípulos, los cuales fueron de los primeros obispos que hubo: Timoteo y Tito, ambos contados entre los santos. Además, hoy termina la “Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos”; ojalá que todos hayamos pedido por esta intención.

El santo evangelio de hoy, según san Mateo, nos narra que cuando Juan el Bautista fue llevado a la cárcel, Jesús inició su ministerio en Galilea, tal como estaba anunciado por el profeta Isaías, según lo escuchamos en la primera lectura.

El núcleo de su predicación es un llamado a la conversión, y la razón para convertirse es porque el Reino de los cielos está cerca. Conversión es una palabra que significa arrepentimiento y cambio de vida, y el Reino de los cielos está presente en la persona de Jesús, así como en su obra salvadora que ya estaba realizando, misma que culminaría con su muerte y resurrección.

Para ti, para cada uno de nosotros, el Reino está cerca, pues basta que vayas al templo y ahí encontrarás a Jesús; basta que te arrodilles ante el Santísimo Sacramento, y estará ante ti el Reino de los cielos; basta que abras la Palabra viva del Señor, para leerla con atención y devoción, y así encuentres el Reino frente a ti. Aún sin ir a ninguna parte, estés donde estés, basta que ores para que encuentres el Reino en tu corazón; basta que hagas el bien a quien lo necesita, para que encuentres el Reino frente a ti.

Inmediatamente Jesús hace otro llamado a dos pares de hermanos, que eran pescadores, para que lo sigan y se conviertan ahora en “pescadores de hombres” para el Reino. Eran Pedro y Andrés, Santiago y Juan. Así fue llamando a otros hasta completar doce apóstoles entre aquellos que, dejándolo todo, quisieron seguirlo. Así como el llamado a la conversión es actual y constante, también el llamado a ser pescadores de hombres lo es.

Después de los doce, llega y permanece el llamado a los obispos, a los presbíteros, a los diáconos; luego el llamado a los que viven una vida de oración constante en forma contemplativa; posteriormente el llamado a muchos y muchas, que viviendo en comunidad religiosa continúan extendiendo la predicación de la buena nueva en distintas obras. Otros son llamados al apostolado en sus parroquias, en sus movimientos; y muchos otros fueron y son llamados a glorificar a Dios en la vida ordinaria de la familia, del trabajo, extendiendo el Reino con su buen testimonio. También éstos últimos se vuelven “pescadores de hombres” con su vida de fe y seguimiento de Jesús.

Todo el que descubre el llamado de Jesús, también debe convertirse, es decir, hacer cambios radicales en su forma de vivir, tal como lo hicieron los apóstoles, quienes dejaron la barca y a su familia para seguir a Jesús. A ti te está llamando Jesús a la santidad, ¿a quién debes dejar?, ¿qué cosas debes hacer a un lado para tener total libertad en el seguimiento del Señor? La vocación siempre exige conversión constante, aunque ya fueras bueno.

Dice el texto del evangelio que Jesús no sólo predicaba y enseñaba proclamando la buena nueva, sino que también curaba a la gente de toda enfermedad y dolencia. Esas curaciones siempre han continuado en la Iglesia por el poder del Señor. Sin embargo, quien anuncie que se realizan milagros a todos los que asistan a un servicio religioso es un charlatán y embustero, porque busca lucrar con la fe de la gente. Éstos siempre han existido, ahora hasta por televisión, algunos haciendo diariamente sus negocios turbios. Los verdaderos creyentes son aquellos que, como el leproso del evangelio, se presentan al Señor diciendo con humildad y fe: “Señor, si quieres, puedes curarme” (Mt 8, 2).

Por otra parte, la Iglesia atiende a sus enfermos mediante todos los ministros que los visitan, llevándoles la Sagrada Comunión, llamando al sacerdote para que los confiese o los unja. Además, hay muchos hospitales en los lugares más pobres, atendidos por religiosas y religiosos. La Iglesia Católica es uno de los mayores proveedores no gubernamentales de servicios de salud en el mundo, operando aproximadamente el 26% de todas las estructuras de salud del planeta. Aunque no existe una cifra global única y actualizada del número exacto de enfermos pobres atendidos diariamente, los informes indican que la Iglesia gestiona más de 5,400 hospitales, 14,000 dispensarios y 500 leproserías, con un 65% de estos servicios concentrados en países en desarrollo. La obra de Jesús, en favor de los enfermos, continúa.

En la Primera Carta de san Pablo a los Corintios, el apóstol llama la atención porque se ha enterado de que hay divisiones entre ellos, cuando dicen que unos son de Apolo, otros de Pedro, otros de Pablo y otros de Cristo. Él les hace ver que sólo Cristo es el salvador, y que no vale la pena hacer opción por ningún apóstol, por más santo o buen predicador que sea. También hoy en día es muy fácil hacer diferencias entre los sacerdotes, entre el anterior, el actual o el de la parroquia vecina. Actualmente también se debe ser prudente al seguir a un sacerdote en las redes sociales, aprendiendo a discernir si el que aparece en las transmisiones está de verdad en comunión con Cristo, con su obispo y con el Papa. No aceptemos a nadie que siembre divisiones.

El pasado jueves 22 de enero, fue llamado por Dios nuestro Padre, Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas L.C., quien fue el primer obispo de la Diócesis de Cancún-Chetumal, y últimamente Administrador de la misma, mientras tomara posesión el nuevo obispo electo, Mons. Salvador González Morales. Que Mons. Pedro Pablo descanse en paz, y reciba la recompensa de los justos habiendo servido a su Iglesia. Oren por mí, pues estando al frente de esta Arquidiócesis de Yucatán, he sido nombrado por el Papa León, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cancún Chetumal, mientras llega Mons. Salvador González.

Que tengan todos una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!

 

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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