Homilía Arzobispo de Yucatán – V Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B

HOMILÍA
V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo B
Job 7, 1-4. 6-7; 1 Cor 9, 16-19. 22-23; Mc 1, 29-39.

“Curó a muchos enfermos de diversos males” (Mc 1, 34).

 

Ki’ olal lake’ex ka t’ane’ex ich maya, kin tsik te’ex ki’imak óolal yéetel in puksi’ikal. U T’aan Yuumtsil bejla’e’ ku ya’alik to’on, u páajtalil Jesús dsa’akikto’on tulakal ko’ojanilo’ob. Ba’ale’ le toj óolalo’ u ti’al antik tuláakal máako’ob.

 

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo afectuosamente y les deseo todo bien en el Señor.

Para los hermanos y hermanas del Antiguo Testamento, la enfermedad era algo difícil de entender y no podía ser aceptada sino como una fuerte resignación a la voluntad de Dios. En principio todos creían que la enfermedad, al igual que la pobreza, la esterilidad y otras desgracias, eran castigos que Dios enviaba por los pecados propios; y cuando alguien creía estar libre de culpa, entonces pensaba que purgaba las penas que dejaron pendientes sus antepasados, pues Dios no podía considerarse injusto de ningún modo. Esta manera de pensar supone que no esperaban la resurrección de los muertos y que querían ver en este mundo las recompensas y los castigos del Altísimo.

La primera lectura de este domingo tomada del libro de Job expresa la mentalidad antes descrita. Job no encontraba razón a su enfermedad y a todas sus desgracias, siendo como era, un judío fiel y generoso con los necesitados. Como hombre de fe, temeroso de Dios y respetuoso de su santa voluntad, Job no tiene otra respuesta a su dolor que la aceptación resignada y dolorida, expresada en sus palabras: “La vida del hombre en la tierra es la de un soldado, y sus días, como de un jornalero… se me han asignado noches de dolor… Recuerda, Señor, que mi vida es un soplo. Mis ojos no volverán a ver la dicha”. Y le recuerda al Señor que su vida es “un soplo”, porque ya parece que no piensa redimirlo de su dolor (Job 7, 1-7).

Con el salmo 146 hoy proclamamos que: “El Señor sana los corazones quebrantados y venda sus heridas”. Seguramente Job tenía esta convicción y se acogía al consuelo y fortaleza del Altísimo.

Lo más triste hoy en día es encontrar todavía gente que vive en el Antiguo Testamento, sufriendo sus penas y dolores sin un sentido y llenos de amargura por no conocer el amor de Dios. En cambio quien cree en Jesús sabe que él tiene poder para curarlo y que sufrir para un discípulo de Cristo significa acompañar a su Maestro en la cruz, y junto con él redimir al mundo. El enfermo creyente sabe que es sacramento de Cristo, pues Jesús dijo: “estuve enfermo y me visitaron” (Mt 26, 36).

En el santo evangelio de hoy según san Marcos, Jesús entra en la casa de Pedro y cura a su suegra que estaba en cama; ella se levantó de inmediato y se puso a servirles. Aquí veo un elemento muy importante pues, ¿para qué queremos la salud si no es para servir a los demás, como lo hizo la suegra de Pedro? Lamentablemente hay mucha gente que desperdicia su salud, porque no la cuida o porque no la aprovecha para servir. Si estamos bien, es para trabajar en favor de los demás.

Ese mismo día al atardecer, le llevaron a Jesús muchos enfermos, endemoniados y de nuevo callaba a los demonios para que no descubrieran quién era él. Después de aquella jornada fatigosa, Jesucristo se levantó de madrugada para orar. Que gran ejemplo de Jesús para sus discípulos y para nosotros, sus discípulos de hoy: aunque hayamos servido a Dios y al prójimo durante el día, aunque todo cuanto hagamos puede convertirse en oración, no hay nada como madrugar un poco para asegurar una oración sosegada delante de nuestro Padre Dios, que nos nutra y le dé sentido a cuanto vamos a vivir durante el día.

Los discípulos lo fueron a buscar hasta el lugar donde oraba y al encontrarlo le dijeron: “Todos te andan buscando” (Mc 1, 37). Sin embargo Jesús los invita a recorrer otros pueblos para anunciar allá también el Reino de Dios. Pensando humanamente diríamos: “¿Para qué te vas, si aquí ya triunfaste, ya la gente cree en ti y te quiere”. Jesús no quiere triunfar, lo que quiere es hacer la voluntad del Padre que seguramente descubrió durante la oración de aquella madrugada; no trata de quedarse a gusto donde se encontraba, sino de continuar su misión. Habrá otros poblados, como su ciudad de Nazaret donde no fue bien recibido, otros lugares donde ni siquiera lo dejaron entrar, pero él debe continuar su misión y darle a muchos la oportunidad de que le escuchen.

Es un error preguntarle a un sacerdote o a un religioso si está a gusto donde se encuentra, porque el ministro de Dios y el religioso o religiosa no van a donde quieren, sino a donde son enviados; y ahí tienen que amar y servir a la gente que les sea encomendada, con la alegría y el gozo de cumplir su misión a donde Dios les envió. Aunque tú no seas ni sacerdote ni religioso, como bautizado te corresponde también la oportunidad de conocer la voluntad del Padre celestial en tus momentos de oración, para poder cumplirla en tu familia, en tu trabajo, con tus amigos, compañeros y vecinos.

San Pablo apóstol nos da un bello testimonio de su obra misionera, pues él afirma que no tiene por qué presumir de predicar el Evangelio: “Ay de mí si no anuncio el Evangelio” dice con fuerza y añade que tiene que hacerlo gratuitamente (1 Cor 9, 16). Aunque en ocasiones le enviaban ayuda económica, él nunca la pedía y más bien trabajaba con sus propias manos para sostenerse a sí mismo, dándonos además una gran lección sobre el valor del trabajo humano. Él afirma que tiene derecho a vivir de la predicación, pero prefiere renunciar a ese derecho para subrayar la gratuidad de la salvación. Por eso concluye diciendo: “Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes” (1 Cor 9, 23).

Aunque hoy la Palabra de Dios nos ha hecho meditar sobre la enfermedad, tengamos en cuenta que el próximo 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, celebraremos la 26º “Jornada Mundial del Enfermo”. Preparémonos a vivir esa jornada visitando a los enfermos que conozcamos y dando nuestro apoyo, al menos moral, a todos los que tienen la difícil tarea de atender a un enfermo en casa.

 

En este año de la juventud en México, sigamos pidiendo por los jóvenes de Yucatán con la oración del Papa Francisco por los jóvenes en preparación al Sínodo de los Obispos del 2018:

Señor Jesús, tu Iglesia en camino hacia el Sínodo dirige su mirada a todos los jóvenes del mundo. Te pedimos para que con audacia se hagan cargo de su propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre.
Acompañados por guías sapientes y generosos, ayúdalos a responder a la llamada que Tú diriges a cada uno de ellos, para realizar el propio proyecto de vida y alcanzar la felicidad. Mantén abiertos sus corazones a los grandes sueños y haz que estén atentos al bien de los hermanos.
Como el discípulo amado, estén también ellos al pie de la Cruz para acoger a tu Madre, recibiéndola de ti como un don. Sean testigos de la Resurrección y sepan reconocerte vivo junto a ellos anunciando con alegría que Tú eres el Señor. Amén.

cfr. https://w2.vatican.va/content/francesco/es/prayers/documents/papa-francesco_preghiere_20170408_giovani.html

Tengan todos una feliz semana ¡Sea alabado Jesucristo!

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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