Homilía Arzobispo de Yucatán – Solemnidad de la Santísima Trinidad 2017, Ciclo A

HOMILÍA
DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Ciclo A
Ex 34, 4-6. 8-9; 2 Cor 13, 11-13; Jn 3, 16-18.

“Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo” (Ap 1, 8).

Ki’olal lake’ex ka t’ane’ex ich maya kin tsik te’ex ki’imak óolal yéetel in puksik’al. Te domingoa, kinbensik u kiinil Santísima Trinidad.

 

Muy queridos hermanos y hermanas, los saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor.

Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Cuando yo era niño, aprendí que la Santísima Trinidad era un misterio y también aprendí que “misterio es una verdad de fe que debemos creer aunque no la podamos comprender”. Ahora con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, sé que la fe nunca puede ser impuesta, y también sé que si creo en Cristo, eso significa que creo en todo lo que Él vino a enseñarnos. Jesús vino a hablarnos de Dios como de su Padre y nuestro Padre, y del Espíritu Santo como el enviado por el Padre y por el Hijo.

La fe es total o no es fe. Hay muchos medio cristianos que aceptan algunas cosas de la fe pero no todas, porque en el fondo no conocen a Cristo y todo lo que Él vino a enseñarnos. Así es que, la fe es en toda la persona de Cristo, con sus hechos y con sus enseñanzas todas, no sólo de lo que me gusta, lo que entiendo o lo que me conviene, o lo que yo he querido escoger. La fe no puede ser impuesta, debe ser libre, pero para que sea cristiana debe ser total en la persona de Cristo y ha de ser recibida como un regalo pues no se trata de una conquista, sino de un don de Dios que debe ser cultivado.

Por otra parte, la palabra “misterio” que es muy usada por san Pablo en sus cartas, es algo distinto de lo que solemos entender. “Misterio” viene del griego “  que significa “plan”. Era una palabra usada en el ambiente militar y se refería al plan de ataque de un ejército, que por su puesto era oculto para los enemigos. Así que el sentido cristiano del misterio es el plan de Dios que nos ha sido revelado en Cristo, y no tanto una verdad que tenemos obligación de creer. Es cierto que no hay inteligencia humana capaz de entender el misterio de Dios, pero a nosotros se nos ha revelado el plan de Dios, como a los soldados que tal vez no entienden la mente del general, pero lo siguen incondicionalmente como un solo hombre. Como cuando Jesús anuncia el misterio eucarístico y las multitudes lo abandonan, y al preguntarles Jesús a los discípulos si también ellos querían marcharse, Pedro responde por todos diciendo: “Señor, a quién iremos, tú tienes palabras de vida eterna, nosotros creemos y sabemos que tú eres el Hijo de Dios” (Jn 6, 67-69).

Aunque todas las razas de la antigüedad se hayan esforzado por conocer y por representar a Dios o a sus dioses, lo que podemos concluir es que en el fondo, toda la humanidad siempre ha tenido la intuición de Dios. El pueblo de Israel tuvo la revelación de que Dios es un solo ser. Sin la revelación con la pura razón, algunos filósofos griegos habían llegado a la convicción de que el Dios verdadero no podía ser múltiple, pues tenía que ser tan perfecto que nada ni nadie se pudiera comparar con él. Cicerón al igual que los filósofos griegos, con su pueblo adoraba a los dioses según sus cultos, pero por su convicción intelectual, antes de morir dijo: “Causa causarum, miserere miei” (“Causa de las cuasas, ten piedad de mí”).

En el Antiguo Testamento el pueblo de Israel tenía numerosos pasajes que insinúan la Trinidad. Como cuando Dios habla en plural al decir en la creación: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1, 26); o cuando los hombres construían la torre de Babel y dice Dios: “Bajemos y confundamos su lenguaje” (Gn 11, 7); o como cuando Dios se manifestó en la persona de tres hombres a nuestro Padre Abraham en la encina de Mambré (Gn 18, 1-15). Muchos pasajes hablan del Mesías prometido como Hijo de Dios que tendrá un reino eterno (cfr. Sal 2; Dn 4, 3). Y muchos otros pasajes hablan del espíritu de Dios (Ez 11, 19; Ez 36, 26). El sentido pleno de estos y otros muchos pasajes sólo serán entendidos con la predicación de Jesús. Pero sostener la verdad de ser el Hijo de Dios y de ser el ungido por el Espíritu será la causa final de que Jesús sea llevado al Calvario. En otras palabras, la revelación de la Santísima Trinidad tuvo su precio y nuevo misterio en la muerte y resurrección del Hijo de Dios.

Jesús nos reveló que Dios es comunidad de tres personas, familia trinitaria eterna. Pero al revelarnos el misterio de Dios, Jesús también nos reveló el misterio más profundo del ser humano, porque el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gn 1, 26). El hombre es por naturaleza un ser social y no puede realizarse como persona si no es en comunidad. El pensamiento individualista trata de minimizar esta dimensión de la realidad humana. El hombre aún sin saberlo o sin aceptarlo, requiere de los demás, y será feliz en la medida en que ame y sea amado. La cultura entendida como pensamiento, valores, criterios y estilos de vida, puede apoyar el sentido comunitario del ser humano o puede contrariarlo. En los Estados Unidos al igual que en algunos países europeos, se tiene un estilo de vida que expulsa a los jóvenes de 18 años de sus familias y los impulsa a vivir de manera independiente.

Nacido de la unión del hombre y la mujer, el ser humano necesita la estabilidad de esa unión para crecer y desarrollarse plenamente. Y por eso la familia es la célula de la sociedad, como siempre se le ha definido. Hubo a principios del siglo XX en Rusia, un proyecto de eliminar a la familia como institución, pretendiendo que los niños “fueran hijos del régimen”; pero a los cuantos años ese régimen fracasó y volvieron a incentivar la integración de las familias. Hoy en día hay grupos de poder que pretenden impulsar otros modelos de familia, pero la verdad es que esos otros modelos siempre han existido y no necesitan ser promovidos. Tarde o temprano los gobiernos del mundo entero volverán a caer en la cuenta de que no hay otro modelo mejor que el original, el de la familia según el plan de Dios, el de siempre; y que este modelo necesita de cuidado y protección, sin desdeñar o descuidar a las familias que viven en otras situaciones.

El ser humano es más perfecto en cuanto más se asemeje a su modelo, y su modelo es Dios, Uno y Trino. Sólo en el amor puede el ser humano asemejarse a Dios, y por eso Jesús dijo, “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). Y eso pasa en el matrimonio, sobre todo cuando tiene un amor perseverante y fiel, cuando se unen y perseveran unidos por Cristo, con él y en él. El hombre y la mujer que se casan están llamados a realizarse en el amor hasta que la muerte los separe. Pero el amor de los mejores esposos y el afecto de los mejores hermanos o amigos nunca será perfecto si no se abre a los demás, a la procreación, a la hermandad en la Iglesia y en el mundo, a otras posibles amistades. Abrirse a un tercero es lo que ventila la relación entre dos personas, es el amor trinitario en nuestras vidas. El sacerdote no debe buscar su realización personal en una amistad, cualquiera que fuera, sino en el amor abierto a la comunidad y en la fraternidad sacerdotal, y dentro de ambos espacios encontrará siempre los mejores amigos. El religioso o la religiosa, desde la fe, abre su corazón a cualquier comunidad que le toque y con las personas que, como comunidad, deban atender.

“Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”, así es como se reveló el Señor a Moisés, según escuchamos en la primera lectura de hoy, tomada del libro del Éxodo. En la segunda lectura el apóstol san Pablo, saluda a los corintios con las mismas palabras con las que los sacerdotes saludamos a los fieles hasta el día de hoy: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes”. El misterio de la Santísima Trinidad revela nuestro misterio humano, pero además revela la voluntad divina de hacernos partícipes de la divinidad. Por eso el santo evangelio de hoy según san Juan dice: “Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.

¡Que tengan todos una feliz semana! Sea alabado Jesucristo.

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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