Homilía Arzobispo de Yucatán – IV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B

HOMILÍA
IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo B
Dt 18, 15-20; 1 Cor 7, 32-35; Mc 1, 21-28.

“Enseñaba como quien tiene autoridad” (Mc 1, 22).

 

Ki’ olal lake’ex ka t’ane’ex ich maya, kin tsik te’ex ki’imak óolal yéetel in puksi’ikal. U T’aan Yuumtsil te domingoa’ ku ya’alik to’on u páajtalil je’el bix u yéesik Jesús alma’aj t’aano’obe’.

 

Muy queridos hermanos y hermanas, los saludo afectuosamente deseándoles todo bien en el Señor.

En primer lugar quiero saludar a todos los amigos y hermanos que trabajan en los medios de comunicación, ya que el pasado 24 de enero, día de san Francisco de Sales, patrono de los comunicadores, el Papa Francisco les envió un importante mensaje que todos podemos leer con mucho provecho; pues aunque no trabajemos en las comunicaciones, la mayoría de nosotros somos usuarios de las redes sociales o consumidores de diferentes medios informativos. Ahí el Papa nos habla de algo que está de moda, los “fake news” o noticias falsas que circulan por las redes sociales, las cuales ordinariamente no ubicamos de dónde vienen, pero que crean mucha confusión y suelen desprestigiar a personas o instituciones. Les recomiendo a todos que lean con mucho provecho y compartan el mensaje completo del Sumo Pontífice que lleva como título: “La verdad los hará libres. Fake news y periodismo de paz.” Cfr. http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20180124_messaggio-comunicazioni-sociali.html

Cuando un comunicador nos transmite noticias falsas, y más aún, si lo hace con la mala intención de sacar algún beneficio económico, político o de causar algún daño a una persona o institución, debemos identificarlo para no darle crédito a sus comunicados, ya que ha perdido autoridad para que creamos en sus mensajes. Dios nuestro creador nos dio la facultad de comunicarnos unos con otros, y siempre ha tratado por medio de la naturaleza o por medio de sus profetas, de comunicarse con cada uno de nosotros. Ya lo hemos dicho anteriormente, “profeta” más que el que predice el futuro, es el que habla en nombre de otro o de otros, de acuerdo a su significado etimológico, aunque en el lenguaje bíblico y cristiano significa el que habla en nombre o de parte de Dios, es decir, el profeta es su comunicador.

En el Antiguo Testamento, cuando Yahvéh le hablaba al pueblo de Israel en el desierto, éste entraba en pánico porque la voz de Dios era imponente, y pedían que mejor Dios se dirigiera sólo a Moisés, para que luego Moisés les comunicara la voluntad de Dios. En la primera lectura de este cuarto domingo del Tiempo Ordinario de nuestra liturgia tomada del libro del Deuteronomio, leemos cómo Moisés le comunica al pueblo lo siguiente: “El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A Él lo escucharán. Eso es lo que pidieron al Señor” (Dt 18, 15). Esa profecía anunciaba a todos y cada uno de los profetas que vendrían durante toda la historia del Pueblo de Dios, antes y después de Cristo, el Profeta por excelencia.

En la misma lectura se nos presenta la descripción que el Señor hace del profeta y cómo pedirá cuentas a quien no escuche a sus palabras; y que es más grave aún el pecado y el castigo para el profeta que se atreva a decir en nombre del Señor lo que Él no haya mandado decir o “hable en nombre de otros dioses” (Dt 18, 20). Todos nosotros, profetas por el Bautismo, estamos llamados a comunicar sólo la verdad, nunca “fake news”, nunca mentiras y nunca hablar en nombre de otros dioses: dioses del poder, del tener o del placer. El mundo está lleno de esos profetas y de los que dicen “fake news” o están atentos para dejarse llevar por esas noticias. Ante todo el exceso de comunicación de nuestros días, se debería imponer un atento discernimiento y análisis antes de dar crédito y difusión a una noticia. No importa que no seamos los primeros en difundirla, lo primero ante todo es la verdad y el respeto a las personas.

Luego, con el salmo 94 le pedimos al Señor que no seamos sordos a su voz y que le hagamos caso a todo cuanto nos diga. El más grande Profeta y Comunicador de todos los tiempos es nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Él mantenía una perfecta comunicación con su Padre, no sólo por su unión en una misma substancia, sino por las largas horas de la noche que pasaba en su presencia y por las oraciones que hacía durante el día espontáneamente. Él nos enseñó a comunicarnos con el Padre con la oración del Padre Nuestro, y con las actitudes que deben acompañar a nuestra oración: la insistencia, la perseverancia, la devoción y la aceptación de la voluntad del Dios.

Con los hombres Jesús se comunicaba de manera tan certera y sencilla, que los más pequeños e ignorantes le podían entender. Desde sus primeras predicaciones, quienes lo escuchaban se dieron cuenta de la autoridad con la que hablaba. Esa autoridad se notaba por medio de varias cosas: por la seguridad con que hablaba; por la novedad y belleza de su mensaje; por la consonancia con la Palabra escrita en los profetas; pero ante todo porque respaldaba su enseñanza con el testimonio de su vida y sus atenciones para con todos, especialmente con los más pequeños y los necesitados y pecadores; y porque con el poder de sus milagros mostraba toda la autoridad divina de su Palabra.

Cuando los demonios que expulsaba descubrían y gritaban que Jesús de Nazaret era el Santo de Dios, Jesús les mandaba callar, y alguien podría confundirse y preguntarse por qué no les permitía hacer semejante confesión. El Señor no quería que gritaran esto porque la gente que lo supiera podría tener dos reacciones: alejarse por miedo o acercarse con una actitud interesada. Jesús quería que la gente lo escuchara, se convirtiera y poco a poco descubriera su divinidad.

Ahí tenemos otra característica importante de la verdad: no todo por ser verdad tiene que decirse; hay que decir siempre la verdad, mas no todo por ser verdad tiene que contarse. Hay que tomar en cuenta la edad, la situación y el proceso de cada persona para que tengan acceso a ciertas verdades. Aquí puede entrar el tema de las llamadas “mentiras piadosas” que no es lo mismo que las “mentiras mañosas”. Las mentiras piadosas se dicen a un niño, a un enfermo o a cualquier otra persona evitándoles un daño. Mientras que las mentiras mañosas son las que se dicen astutamente para que quien las cuenta pueda salirse con la suya. Sirvamos pues siempre a la verdad.

En la segunda lectura, tomada de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, el Apóstol continúa su instrucción sobre la sexualidad, el matrimonio, la virginidad y la castidad cristiana. Ahora se refiere a la soltería de hombres y mujeres como una excelente opción de vida, cuando se abraza para tener más tiempo, mente y corazón para dedicarse a la causa del Evangelio y poder vivir más intensamente el amor al Señor.

Les invito a rezar juntos con la plegaria que el Papa Francisco incluye en su mensaje a los comunicadores, inspirada en la oración de san Francisco de Asís:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa
en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza;
haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad,
haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.
Amén.

 

Que tengan todos una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!

 

Consulta el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará el 13 de mayo de 2018, con el tema, «La verdad los hará libres» (Jn 8,32). Fake news y periodismo de paz”.

 

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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